¿Me está dando esa habitación? De ninguna forma…

Nov 8, 2008

Cuando C. Leonard Gordon, un capitalista de riesgo, viaja con su esposa, Margot, una comerciante de arte, nunca la acompaña directamente a la habitación de hotel cuando se la asignan. “En lugar de ello, me siento con el equipaje en el lobby y leo hasta que ella haya decidido una habitación”, dice. “Ella por lo general rechaza la primeras dos habitaciones que le muestran. Por lo tanto, no va con ella después del check in, a menos que sienta que necesito hacer ejercicio “.

Parece ser que cada vez más gente solicita ser cambiada de habitación. Hace valer su dinero. Sabe que hay varias habitaciones distintas por el precio que está pagando, algunas más lindas y algunas no tanto, y duda si la que le asignaron es la mejor. Sabe o supone, que seguramente habrá otra mejor que la primera que le han asignado y quiere que le asignen la mejor habitación disponible por el precio que está pagando.

En Shutters on the Beach, Santa Monica, California, aproximadamente cinco clientes al día pide que le cambien sus habitaciones. En hoteles de 3500 habitaciones como el Atlantis, en Nassau, los pedidos de cambio de habitación llegan a 200 al día. Y en el Hotel Arts, de  Barcelona tienen 30 pedidos diarios de cambio de habitación sobre un total de 450 habitaciones.

Algunos clientes lo hacen de forma inocente, simplemente porque ya han pasado por el hotel, y en su experiencia previa tuvo una mejor habitación que la que le han asignado esta vez. Otros en cambio lo hacen de forma sistemática para manipular el sistema y conseguir una habitación de nivel superior pagando una tarifa más económica.

Como en el teatro, donde uno puede pagar la misma cifra por estar sentado en la quinta fila o en la vigésimo cuarta, nuestro pasajero, puede pagar la misma cantidad por una habitación con una mejor vista o en mejores condiciones que otra al mismo precio.

Sin dudas, este es un claro ejemplo del poder creciente que tiene el consumidor.